El asaltante entró en dos boticas de Ronda Norte con dos grandes cuchillos y exigiendo el dinero de las cajas registradoras

José Sánchez, un guardia de seguridad que trabaja en el control de acceso de la Tesorería General de la Seguridad Social, en Murcia, se convirtió ayer en el héroe del día cuando logró retener a un presunto atracador hasta que llegaron los efectivos de la Policía Nacional y lo detuvieron. «Mi compañero es un ‘crack’», fue lo primero que dijo una compañera del vigilante a ‘La Verdad’. El calificativo no es para menos.

El ladrón había intentado presuntamente atracar dos farmacias, situadas en Ronda Norte, esgrimiendo dos cuchillos de grandes dimensiones. El primer intento de robo se produjo en la farmacia Toledo, ubicada en la esquina entre la avenida Miguel de Cervantes y Ronda Norte. El asaltante esperó a que las dos empleadas levantaran la persiana, a las nueve de la mañana, y desde la misma puerta exigió el dinero de la caja. «Llevaba puesta una gorra y unas gafas, y conforme iba avanzando se iba tapando con un pasamontañas y mostrando los dos cuchillos que llevaba en la cintura. En cuanto lo vi, salí corriendo a la rebotica, donde estaba mi compañera, y le dije que saliéramos corriendo por la puerta de atrás», explica Paula, una de las trabajadoras. El ladrón se quedó solo en el establecimiento y, según el dueño de la farmacia, César Toledo, «se fue sin llevarse nada».

Las dos trabajadoras se refugiaron en las instalaciones de la Tesorería de la Seguridad Social. «Era el único sitio que a esa hora estaba abierto», afirma Paula. Allí pidieron a José, el vigilante de seguridad, que llamara a la Policía.

«Cuando me enseñó los dos machetes de 30 centímetros de hoja, me tomé en serio la amenaza»

«Alerté por teléfono y salí a la calle. Al girar la esquina me dijeron que el ladrón había salido corriendo por Ronda Norte y fui detrás de él», relata José. Lejos de huir, el presunto atracador entró en otra farmacia de esa vía, donde amenazó con matar a Quini, la farmacéutica, si no le daba el dinero de la caja registradora. «Estaba atendiendo a una clienta cuando un hombre de unos 50 años, de pelo negro, con cejas negras y pobladas, ojos también negros y blanco de piel, entró muy alterado y a cara descubierta diciendo que le diese todo lo que tuviese. Al principio no le hice mucho caso, porque a veces entra gente muy excitada pidiendo tranquilizantes. Al ver que pasaba de él, me volvió a repetir que le diese todo lo que tuviese o me mataba. Dijo esto mientras se iba cubriendo el rostro con el pasamontañas que llevaba en la cabeza y se subía la camiseta para enseñar los dos cuchillos de 30 centímetros de hoja que tenía en la cintura. Fue entonces cuando me di cuenta de que aquello iba en serio y me dirigí a la caja registradora para darle los ciento y poco euros que había», recuerda Quini.

Ese tiempo de conversación y amenazas es el que necesitó José para llegar hasta allí y conminar al ladrón a deponer su actitud. «Saqué la defensa (porra) y le dije que pusiera los cuchillos y las dos manos sobre el mostrador, y que no hiciera ninguna tontería. Así lo reduje. Le puse las esposas y lo senté en una silla hasta que, a los pocos minutos, llegaron varias dotaciones de la Policía Nacional y lo detuvieron», concluye el guardia de seguridad, quien tras esa secuencia de película retornó, tan tranquilo, a su puesto de trabajo.

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