Desde el año 2012, la Unidad Habitacional Agua Santa, que no se encuentra municipalizada y concentra a más de 20 mil habitantes, se ha convertido en una “tierra de nadie”. No se puede ocultar que hay ingobernabilidad.

Con el engaño de regularizar el comercio informal y dotar de servicios públicos a sus pobladores, el gobierno de Acción Nacional (PAN), durante la gestión del alcalde Eduardo Rivera Pérez, tomó el control de la unidad a golpes y con el ingreso de maquinaria pesada derrumbó entre la resistencia social casetas y puestos de comida de la vía pública.

A partir de entonces, en Agua Santa se ha recrudecido la inseguridad, al grado de “anidar” a bandas delictivas de narcomenudistas, secuestradores, feminicidas y asaltantes que operan con violencia y dispuestos a matar a navajazos por un teléfono celular.

En la entrada principal, sobre la calle 11 Sur y Periférico, se encuentra una caseta de la Policía Municipal que se ha convertido en un “elefante blanco” para los vecinos.

El grupo de colonos que fue entrevistado para realizar una radiografía de la situación de inseguridad que se vive en la unidad habitacional coincidió que la caseta de seguridad solo es un refugio para los policías municipales.

“Les sirve como guarida, juegan naipes, dominó y todo el día están metidos en el teléfono, pero nunca realizando rondines por las calles”, acusó una mujer que tiene ahí viviendo 30 años.

Ninguno de los consultados quiso decir su nombre, unos externaron su desconfianza y otros pidieron el anonimato porque en Agua Santa todo se sabe.

Para don Mario –como pidió que se le llame–, todos en la unidad conocen que en la Plaza M2 existe un departamento donde los fines de semana se llegan a reunir hasta 50 personas, para emborracharse y drogarse.

El hombre de edad avanzada relató que cuando los chavos están intoxicados, inician las peleas, sacan sus armas y se ponen a disparar sin importar si hay una bala perdida.

Incluso, informó que la madrugada de este domingo 12 de mayo hubo un riña tumultuaria en la que participó medio centenar de muchachos que portaron bates de béisbol, navajas y cadenas.

El zafarrancho dejó un saldo de dos heridos, uno de ellos fue “picado” en el abdomen y después falleció en el Hospital General del Sur, a espaldas de la unidad habitacional.

Los vecinos relataron que los más de 200 vendedores, principalmente de alimentos, cooperaban para pintar guarniciones, podar árboles y mantener limpia las áreas verdes y comunes, espacios que ahora son “rentados” por desconocidos con la complacencia de la autoridad.

Recordaron que los presidentes del comité vecinal se organizaban para mantener vigilada todas las calles y especialmente las de la periferia, con poca iluminación.

Por la dirigencia de los colonos pasó Maldonado, Efrén Cielo, el señor Paniagua, Raúl, El Papero; así como Eduardo Andrade, siendo este último a quien le endilgaron la inseguridad y la negociación para entregar la unidad al exedil Eduardo Rivera.

Con la llegada del PAN al gobierno de la ciudad, dijeron que la situación cambió drásticamente para los habitantes de Agua Santa, al agravar la violencia.

Con el engaño de que la situación mejoraría para las familias, comentaron que permitieron el ingreso del gobierno municipal para regularizar a los ambulantes, quienes actualmente pagan impuestos sin verlos retribuidos con mejores servicios.

“Esa famosa regularización nos desgració, porque pagamos permisos a un ayuntamiento que nos dejó en el olvido, desamparados”, reclamó la señora Mary.

Los informantes recordaron que en la administración de Rivera Pérez entraron grupos de choque a Agua Santa y maquinaria pesada para derrumbar casetas de comidas, así como pequeños negocios que se habían instalado junto a la calle.

A siete años de gobiernos panistas, revelaron que la mayoría trata de no salir de sus departamentos después de las 21 horas, para evitar ser atracados.

Todas las noches, acusaron que una banda de jóvenes en bicicleta se dedica a asaltar a los transeúntes, mientras otros rompen las “jaulas” para robar autopartes de los vehículos que se encuentran en resguardo.

Expusieron que, cuando están a punto de detener a los delincuentes, estos se trepan a las azoteas y pasan de un edificio a otro, logrando huir de ser linchados.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *