Por Sergio Mejía Cano

Hasta principio de los años 80 del siglo pasado las compañías de seguridad privada no eran tan comunes en nuestro país, pues la mayoría de las empresas contaban con su propio departamento de vigilancia y seguridad, como el caso de la otrora orgullosa ruta de la costa occidental, el Ferrocarril del Pacífico, S.A. de C.V., que devengó posteriormente en Nacionales de México.

A mediados del sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, poco a poco se comenzó a ver vigilantes pertenecientes a un incipiente servicio de seguridad privada que, como hoy en día se ve, ya son bastantes de estas empresas de seguridad que ofrecen sus servicios en casi todas las industrias, negocios y empresas de todo tipo, incluso se llegó a decir que hasta en el mismo edificio de la entonces Procuraduría de Justicia en la Ciudad de México, se tenía contratado este servicio de seguridad privada.

Ahora hay quien dice que la seguridad privada se hizo necesaria por la inseguridad que comenzó a haber en nuestro país; pero he aquí lo que pudo dar el motivo para que empezaran a proliferar como hongos en lugar húmedo estas compañías de seguridad privada, ya que no sería muy descabellado pensar que se fueron conformando estas compañías con la complacencia del gobierno de De la Madrid Hurtado y demás gobiernos subsecuentes a sabiendas de que el sistema neoliberal iba a generar mucho desempleo, así como prácticamente la desaparición de casi toda la que se denominaba la clase media.

En este tenor, tal vez no por nada en esa época de 1982 a 1988 veladamente se volvieron a privatizar los bancos, pero no a sus antiguos dueños, sino a neo banqueros que según se ha documentado, nada sabían de la Banca, así que ya en el último trienio de Miguel de la Madrid, y que precisamente por la devaluación del peso los mexicanos nos convertimos en millonarios al ganar millones, los bancos invitaban a la ciudadanía a invertir su dinero a plazo fijo de tres, seis meses y hasta por un año dando un mil pesos por cada millón invertido, por lo que mucha gente ni tarda ni perezosa se dio a la tarea de invertir sus ahorros en este sistema de inversión a plazo; pero no conformes muchas personas y al ver los rendimientos que estaba generando un millón de pesos, que por cierto hoy en día representan únicamente un mil pesos, vendieron casas, terrenos y todo tipo de bienes muebles e inmuebles para todo el dinero adquirido invertirlo a plazo, pues estaba representando ser la mejor inversión; incluso hubo gente que llegó a tener el pensamiento que así, ya no tendría que trabajar por el resto de su vida por creer que con los intereses que estaba generando su inversión a plazo sería más que suficiente, ya sea retirando una parte de los intereses y reinvirtiendo lo demás o si se podía, reinvertir todos los intereses generados en caso de no necesitar retirar una parte.

Sin embargo, y como todo esto era muy bello para ser cierto, algo pasó de pronto que los intereses que daban los bancos bajaron estrepitosamente de tal modo que a esa gente ilusionada con poder vivir para siempre con los intereses generados mediante su inversión a plazo fijo, se les vino el mundo encima y más porque los intereses de su inversión bajaron y bajaron, y como la devaluación de la moneda mexicana seguía y seguía, su dinero invertido se fue diluyendo hasta casi desaparecer y más en el sexenio posterior en que se le quitaron 3 ceros al peso convirtiendo un antiguo millón en tan solo un mil pesos.

Pero no conforme, tal vez algún ideólogo para desaparecer la clase media o empobrecer a más gente, se infló la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), con el atrayente anzuelo de que se estaba ganando mucho dinero para quien invirtiera en la BMV. Un familiar que trabajaba en una fábrica de neumáticos en El Corredor Industrial de El Salto, Jalisco, y que se codeaba con algunos de los ejecutivos de esa llantera, lo excluyeron éstos de su círculo de amistades porque no quiso invertir en la BMV y más, cuando les dijo que era una patraña porque las exportaciones mexicanas no habían crecido lo más mínimo y que por eso no estaba dispuesto a invertir sus pocos ahorros en acciones de la BMV porque pronto se vería la realidad. Y así fue, pues no tardó en darse aquel famoso “crack del 87” en donde mucha gente perdió su dinero invertido en la Bolsa, quedando casi en la inopia y otros inversionistas locos o infartados y se dice que algunos se suicidaron. Así que probablemente de ahí venga que de pronto haya surgido la seguridad privada.