Los protectores ahora están tomando mayor conciencia sobre la importancia de evitar daños no intencionales y de brindar su servicio de protección inclusive contra enemigos microscópicos.

En los últimos años, tres impactos considerables han estado cambiando el rostro de la protección y la seguridad en nuestro país.

El primero de ellos es la gran influencia que tienen las redes sociales. Cualquier conducta incorrecta por parte de los escoltas es exhibida y transmitida de manera inmediata a través de internet, ocasionando que los protegidos reciban “títulos nobiliarios” en las redes sociales, donde su imagen se ve gravemente afectada y, en muchas situaciones, su situación legal también. A partir de este momento, los usuarios de los servicios de Protección Ejecutiva empiezan a rechazar el modelo tradicional de protección, el cual, rápidamente, se transformó de un símbolo de status a uno de mal gusto. No solo fueron los empresarios quienes rechazaron este concepto arcaico, sino hasta el propio Presidente de la República.

El segundo impacto se relaciona con la pandemia de la covid-19. Los protectores ahora están tomando mayor conciencia sobre la importancia de evitar daños no intencionales y de brindar su servicio de protección inclusive contra enemigos microscópicos. Lo cual ayuda a rechazar la extendida “seguridad ficción” perpetuada por Hollywood, y a entender que la seguridad ejecutiva es un proceso de planeación y logística que reduce la exposición del protegido a cualquier tipo de riesgo.

El tercer impacto, el más crucial, es el atentado perpetrado en contra del secretario de la SSC CDMX, Omar García Harfuch, en donde sicarios se atrevieron a agredir a tan alto funcionario en la zona más lujosa de la ciudad. Aquí, lo que más llama la atención es el arsenal que fue empleado y su forma de conseguirlo por parte de los delincuentes. Dicho arsenal estuvo compuesto por cinco fusiles Barret, capaces de perforar vehículos blindados; un lanzagranadas; cuarenta armas de diverso calibre; siete granadas; cincuenta y un bombas molotov; noventa y seis cargadores, y dos mil 805 cartuchos de diversos calibres. De acuerdo con peritajes y distintas versiones periodísticas, estas armas fueron conseguidas dos días antes del ataque, en la delegación Gustavo A. Madero, en el corazón de la CDMX, por medio millón de pesos. Esta es, sin duda, una cantidad menor para el enorme poder económico de un cártel, y, a la vez, accesible para otros grupos delictivos que podrían poner en peligro a nuestros ejecutivos, políticos, funcionarios o cualquier otra personalidad.

Ante éste poder de fuego, tan asequible para los delincuentes, la utilidad de una pistola convencional que usualmente porta un escolta privado se vuelve insignificante. Tomando en cuenta este escenario, podríamos sugerir dos alternativas para poder enfrentar esta situación tan crítica:

Armar a todos nuestros elementos con fusiles Barret y escoltar a los ejecutivos en vehículos artillados por las calles de nuestras ciudades. Claro que esta “alternativa “ es en todo sentido inviable, empezando por lo legal. Además, esta acción convertiría nuestras ciudades en campos de batalla con grandes riesgos para los ciudadanos. O bien, la única alternativa posible es hacer un cambio en el enfoque operativo que permita identificar las fases de preparación de un ataque y así intervenir su proceso, en lugar de esperar a que la agresión ocurra para poder reaccionar, tal como se explica en mi libro Protección Ejecutiva en el siglo XXI: La nueva doctrina.

Estos tres impactos están forzando a la seguridad a un cambio conceptual y operativo, el cual supone una nueva estructura y el desarrollo de nuevas competencias laborales que implicarían un mejor adiestramiento en las técnicas de inteligencia, contravigilancia, alerta temprana y otros métodos no convencionales y poco practicados hasta ahora.

Estos golpes de cincel de la realidad operativa están moldeando nuestra profesión, llevándola hacia una forma mucho más discreta, capaz de dar respuesta a diversos tipos de amenazas, y, a la vez, más segura, tanto para ejecutivos y escoltas, como para la sociedad en general.