Hace algunos años, la ciudad de Detroit, Michigan, experimentó una debacle profunda que trastocó su economía, su vida cívica, su entramado urbano y su convivencia social. La bancarrota del municipio en 2013 y la disminución de sus servicios, la merma del empleo y de la actividad económica y el deterioro del mercado de la vivienda provocaron que la que fuera la capital mundial de la industria del automóvil, un motor económico, cultural y tecnológico sustantivo en Estados Unidos, decayera significativamente.

Muchos debieron irse de allí ante la falta de oportunidades y quienes se quedaron encararon un escenario adverso.

Y en un sector específico y de gran importancia se dio una transformación importante. Como comenta un reportaje de Vice News emitido por la cadena HBO, la grave crisis municipal devino en el éxodo de policías y otros oficiales del orden y se creó una suerte de agujero ominoso en materia de seguridad pública.

Integrantes del grupo paramilitar de seguridad privada Threat Management Center, que protege a clientes individuales y negocios en el área de Detroit. (Facebook/Detroit Threat Management Center)Ver fotos

Integrantes del grupo paramilitar de seguridad privada Threat Management Center, que protege a clientes individuales y negocios en el área de Detroit. (Facebook/Detroit Threat Management Center)

Ello, en contrapartida, propició el auge de otro ramo: las empresas de seguridad privada ampliaron su clientela y sus operaciones en Detroit a enorme escala, en parte por las limitaciones de una policía con capacidad reducida pero también por la desconfianza que las autoridades provocaban en una población que vio como su ciudad se fue deslizando hacia el barranco.

Detroit ha comenzado de nuevo a florecer, y las empresas de seguridad privada, incluidas algunas cuyos efectivos operan en grupos de tipo paramilitar por el alto poder de su armamento y su elaborada organización, también están allí al alza.

Vice News menciona a algunas de ellas: Securitas, la mayor del sector, ha visto crecer sus operaciones en un 25% anual desde que Detroit entró en bancarrota. Y Threat Management Center, con un equipo de 60 comandos dirigidos por un exparacaidista del ejército, sirve a 5,000 clientes individuales y a 100 negocios con ingresos millonarios.

En el citado video de Vice News se muestran a integrantes de Threat Management Services vestidos en uniformes estilo militar (los cuáles sirven, se afirma, para infundir respeto y mostrar poder de ataque tanto a sus clientes como a los delincuentes) y se les ve entrenando con disciplina igualmente de tipo castrense. Poseen camionetas, motocicletas y botes de color negro para patrullar en múltiples zonas y situaciones.

Dan Brown, el exparacaidista líder de esa empresa, tajantemente afirma que son líderes en su ramo y que gracias a los servicios de vigilancia las 24 horas que sus comandos realizan en los vecindarios de sus clientes, no se ha registrado en ellos una sola irrupción en casas, ni tampoco ningún asesinato, violación o robo a mano armada.

Los verdaderos policías, en tanto, si bien consideran que esas fuerzas de seguridad privada y organización paramilitar ciertamente puede disuadir el crimen, consideran que no reemplazan a la policía, que ha de fungir en diversas capacidades de protección y control y, a fin de cuentas, es quien tiene facultades para realizar tareas que una fuerza privada no podría o no debería hacer en solitario.

Brown dice que la policía recurre a la aplicación de la ley pero su empresa, en cambio, utiliza tácticas de protección y de guardaespaldas para prevenir que se dé el delito. Lo hacen, indica, proyectando una imagen de fuerza y capacidad de reacción, y la visión de sus comandos paramilitares lo ilustra, para disuadir a los criminales en la zona.

Con todo, solo los vecindarios más ricos o empresas con suficientes presupuestos pueden recurrir a ese tipo de servicios de seguridad privada de alto poder. En el resto de Detroit es la policía la que ha de proteger a los ciudadanos y combatir a los delincuentes, con apoyo de guardias privados de menor perfil y en ocasiones desarmados.

Y aunque la policía de Detroit ha recuperado capacidad y mejorado su accionar (tras la pérdida de oficiales y las acusaciones de que realizaba prácticas anticonstitucionales y de brutalidad), esa urbe aún es de las más violentas de todo Estados Unidos.

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