Este sector ha cobrado un papel importante en materia asistencial, convirtiéndose en un pilar fundamental. Pongámoslo en valor.

En los momentos de mayor complejidad y dificultad para nuestra sociedad se hacen patentes los pilares más importantes sobre los que se asienta nuestro estado de bienestar. Estamos viviendo una crisis sin precedentes. Una crisis que no podemos calificar solo de sanitaria, porque abarca también los ámbitos social, familiar, económico y empresarial. Una situación excepcional que nos ha traído una nueva realidad, en la que las prioridades prevalecen, pero se hacen mucho más presentes.

Estamos en la quinta prórroga del segundo estado de alarma decretado en democracia, vigente desde el pasado 14 de marzo. Un periodo prolongado en el que velar por la seguridad y la protección de las personas se ha convertido en una función primordial para el Estado, las instituciones públicas y privadas. Para ello, contamos con la excelente labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que, una vez más, con su actuación han demostrado que España dispone de una de las mejores estructuras de seguridad del mundo. Hemos visto cómo estos organismos se esfuerzan cada día por mantener el orden, por ayudarnos a cumplir las normas, con el fin de proteger nuestra seguridad y salud.

Pero en esta tarea, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad no están solos. Cuentan con el complemento del sector de la seguridad privada y, en ese binomio imprescindible, la seguridad y vigilancia privada no solo contribuye a la protección de personas y bienes, sino también a hacer cumplir con las medidas de higiene y salud en los establecimientos y servicios públicos y privados abiertos al público, para minimizar el riesgo de contagio.

«El sector ha contribuido a que todos nos sintamos mejor y más protegidos en un momento convulso e inestable como el que estamos atravesando»

No es su única tarea. Las empresas de seguridad privada ofrecen sistemas de protección de hogares y negocios conectados a una central receptora de alarmas que permiten, por un lado, garantizar la continuidad y el servicio de establecimientos indispensables, y, por otro, proteger aquellos negocios que han tenido que cerrar, así como las segundas residencias, para garantizar que no sufren ningún asalto u ocupación indebida, monitorizando de manera constante y actuando en consecuencia ante cualquier incidencia.

Las compañías del sector de la seguridad privada hemos adquirido una enorme responsabilidad durante esta época convulsa. La continuidad de nuestras actividades y su calificación como servicios esenciales ha resultado fundamental para seguir colaborando estrechamente con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el objetivo común de perseverar la seguridad del país.

Esto nos ha permitido seguir atendiendo a todos nuestros clientes, protegiendo y monitorizando todas sus instalaciones y respondiendo ante saltos de alarma, todo ello cumpliendo los protocolos de prevención y salud para nuestros trabajadores. La seguridad privada también ha cobrado un papel importante en materia asistencial, convirtiéndose en un pilar fundamental para contribuir en esta labor que está siendo crítica en estos momentos. Así lo reflejan los números: en Securitas Direct, la gestión de emergencias médicas se ha incrementado un 34% de febrero a marzo. La interacción con los servicios de emergencia de manera más eficiente en esta crisis ha conseguido evitar su colapso.

Este sector, en definitiva, ha tenido su papel protagonista durante la crisis y por eso debemos ponerlo en valor, así como a los profesionales que lo están llevando a cabo. Todo ha contribuido a que nos sintamos mejor y más protegidos en un momento convulso e inestable como el que estamos atravesando.