Tema que hoy preocupa a millones de ciudadanos que han vivido en carne propia la descomposición del Estado de derecho

Aunque todavía no inician formalmente las campañas rumbo a la Presidencia de la República, los electores poco o nada hemos escuchado con referencia a lo que opinan los candidatos sobre la ola de inseguridad que vive México desde hace, por lo menos, dos décadas. Escasas referencias, generalidades, digamos, han hecho quienes aspiran a obtener el voto de los mexicanos para gobernar el país.

Es, sin embargo, el tema que hoy preocupa —junto con el de la corrupción— a millones de ciudadanos que han vivido en carne propia la descomposición del llamado Estado de derecho al que se refirió la semana pasada el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, durante su participación en la conferencia México, Potencia Turística, organizada por el Club de Industriales.

“Hoy en día lo que tenemos quebrado en México es el Estado de derecho; quebraron nuestras instituciones de justicia, seguridad y combate a la corrupción”, respondió a pregunta de un empresario De la Madrid, a cuyo padre se le atribuye haber cambiado el modelo de administración del país del viejo nacionalismo revolucionario que aplicó el PRI al neoliberalismo económico, introducido formalmente en tiempos de su sucesor Carlos Salinas de Gortari.

La presión social que hoy ejercen los problemas derivados de la pobreza de las mayorías, la falta de oportunidades y la deshumanización que ha experimentado nuestro país con el economicismo galopante que vivimos hacen urgente un viraje hacia otros horizontes que garanticen un “control de daños” que hoy experimentan nuestras atribuladas generaciones, sumidas en verdaderos “Estados fallidos”, muchos de ellos sin control.

Por todo ello, resultan nada despreciables las propuestas que hace el experto en temas de seguridad Alejandro Desfassiaux, actual presidente fundador y miembro del Consejo Nacional de Seguridad Privada, A. C., en su libro Cómo poner un alto a la inseguridad en México, de reciente aparición. Desfassiaux hace un análisis de este grave problema para entenderlo en su justa dimensión y validar que, a pesar del creciente aumento de las cifras negativas, existen soluciones fiables. Propone instituir nuevamente la Secretaría de Seguridad Pública federal, desaparecida en el actual sexenio, con el argumento de que sea el propio Presidente, y no el secretario de Gobernación, quien tome las decisiones en materia de seguridad. Y con ello ya no involucrar al Ejército y a la Marina en funciones que no les corresponden.

Como segundo paso está crear un Servicio Policial Nacional que integre a todas las fuerzas policiacas del país con el propósito de crear una sola policía profesional y bien pagada, que es el primer contacto que tiene el ciudadano con el aparato judicial del Estado. Asimismo, dice, hay que “establecer una política nacional de costo-beneficio que mida cuánto nos está costando la seguridad pública en cada estado y municipio y cuál es el retorno de inversión. Hoy se habla de que la violencia le cuesta a México 18 por ciento del PIB, lo que significa alrededor de 25 mil pesos al año por habitante.

Finalmente, el autor propone una política de Cero Tolerancia para erradicar delitos menores y que modifique la manera en que la mayoría de los ciudadanos nos conducimos en la comunidad: Falta de respeto a los reglamentos y soborno a autoridades, etcétera. Y una verdadera reinserción social que prepare a los reos para reincorporarse a la vida en sociedad.

Por Martín Espinosa

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