Por Economía Digital

Las colas ya forman parte del paisaje habitual del Aeropuerto de Barcelona-El Prat. Largas hileras de turistas son el día a día del aeródromo, que ahora sufre las aglomeraciones en los filtros de seguridad. Una huelga del personal subcontratado por Eulen ha desatado el enésimo caos veraniego en la instalación mientras lanza un mensaje a la patronal del sector en plenas negociaciones del convenio colectivo. Si las condiciones laborales de la plantilla ya eran ajustadas, la nueva licitación de Aena tensó todavía más la cuerda.

El contrato se publicó en junio a la baja por 23,1 millones de euros y ya en agosto comenzaron las protestas tras el adiós de Prosegur. Las reclamaciones veraniegas del personal acabaron en enero en el Tribunal Laboral pero la nueva adjudicataria tomaba el silencio por respuesta, explican fuentes sindicales a Economía Digital.

Las denuncias se agolpaban sobre la mesa de la subcontrata, tanto desde el aeropuerto como de otras concesiones. El sindicato Prou, con sólo dos miembros en un comité de empresa de 21 personas pero con fuerte arraigo en El Prat, decidió vehicular el descontento. Actuó por libre y convocó varias jornadas de huelga parcial en la instalación catalana.

Con la declaración se abrieron las primeras fisuras dentro de un comité de empresa liderado por ADN Sindical y el Sindicato Profesional Seguridad Privada (SPS). Las grandes asociaciones preferían afrontar la protesta de manera estatal, aunque se ha posicionado junto a la entidad minoritaria desde el primer día.

Y es que la seguridad privada se encuentra en un momento clave para conocer su futuro. La patronal y los sindicatos están inmersos de lleno en las negociaciones para aprobar el nuevo convenio colectivo, y la huelga en el aeropuerto barcelonés se ha erigido como una muestra de fuerza de los trabajadores del sector.

Las reivindicaciones son parecidas tanto a nivel general como en el caso de El Prat: aumentos de personal en servicios cada vez más tensionados, incremento de las partidas para formación y mejoras salariales. Con unos 950 euros de sueldo medio, los empresarios sólo ofrecen una subida del 1,5%; muy lejos de, por ejemplo, la escalada del 31% que exigen los empleados en la instalación catalana.

“No tenemos ni descansos para ir al baño, ha habido ocasiones en las que trabajadores de Eulen se han llegado a orinar encima debido a que el recambio no ha llegado a tiempo”, explican desde el comité de huelga. “La tensión es brutal, estamos en nivel de alerta terrorista cuatro sobre cinco”, recuerdan.

Alrededor de España, el clima no es mucho mejor. “El nuestro es un trabajo policial en muchas ocasiones y no estamos entrenados para vivir enfrentamientos como los que afrontamos”, lamentan desde ADN Sindical. “En Renfe no es extraño ver robos, agresiones físicas o incluso agresiones sexuales”, añaden en SPS. Si la formación no es la correcta, tampoco el material. “En Andorra, los vigilantes de seguridad privada utilizan armas semiautomáticas mientras que nosotros vamos con viejos revólveres”, zanjan.

Las huelgas no son sólo en El Prat

De este modo, los paros amenazan con extenderse como una mancha de aceite. Aena tendrá un papel protagonista. Reconocido por atornillar a la baja en sus licitaciones, el presidente José Manuel Vargas ha logrado huir huelgas entre el personal de seguridad de Ibiza y Madrid-Barajas gracias a los acuerdos alcanzados por Prosegur sobre la campana. En Barcelona la reacción ha llegado tarde para el pasajero.

Eulen no ha contestado a los requerimientos informativos de Economía Digital.

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